A veces, en la vida, es oportuno callar. Si bien no siempre estamos preparados para guardar la palabra, existen ocasiones que ameritan el silencio. En una discusión abierta, vale la pena intentar reservarnos para nosotros el juicio, la aseveración,las certezas...cuando vemos que si son dichos, pueden herir un corazón escondido tras el halo de seguridad espontánea, erguida, controversial, encaradora. También lo considero un amigo, a ese silencio oportuno, cuando alguien nos comenta de su vida, de su historia, sus vivencias, aprender a escucharlas desde lo profundo habla de nuestra capacidad de solidarizarnos con lo ajeno, con nuestro prójimo, con su esencia. Desde el silencio se aprende a oír con el alma, a interpretar sensaciones, verdades y falacias, a saber distinguir desde el bullicio parlanchín hasta ese café compartido fraternalmente, donde a veces, bastan las miradas. A mi criterio, las palabras son fuentes de energía, deben ser encauzadas en cualquier situación, a...