Quienes tenemos la fortuna de ser madres, ya sea del corazòn o desde las entrañas de la vida, siempre sentimos que todo lo que hagan nuestros pequeñitos es màgico y adorable. Cada cosita; por pequeñita que sea, si ellos la hacen, es sorprendente. No existe en el mundo mayor antìdoto contra la tristeza que escuchar la sonrisa de tu niño por primera vez. En realidad, ellos te sorprenden tanto a cada momento, que parece que la vida nos guiña el ojo en su mirada. Desde sus primeros pasitos, su primera palabra, su primera caricia, nos desbordan el corazòn y ese momento se eterniza en nuestra memoria como un beso indeleble de felicidad. Para nosotras, las mamis, nuestros hijos son, han sido y seràn desde que nacieron, los solcitos que iluminan nuestros dìas, nuestras noches oscuras, nuestras esperanzas y deseos de superaciòn. Ellos son el remanso, los sueños y la dulzura. Asì como la fuerza, la valentìa y la lucha constante. Tenerlos es el triunfo del amor. Y por eso, hay que darle siempre ...