viernes, 16 de noviembre de 2012

Dos minutos en la vida de Ana

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Imagen de mujer secuestrada relato



Ella salió de casa como todos los días. Llevaba su mochila al hombro e iba arreglando su cabello lacio, dócil, largo; parecía querer enrularlo con sus manos puras, ya que hacía gestos emulando atesorar el viento. Tenía puesto su uniforme gris compuesto de falda escocesa, camisa blanca y corbata roja, las medias tres cuartos le daban ese aire aniñado que tanto amaba; la vi alejarse por el camino pintado de hojas secas que simulaban una alfombra rugosa. Ella, al llegar a la esquina, volvió su vista y me saludó con un beso que pareció volar hasta mi corazón.
Pasaron las horas y yo inmersa en las obligaciones no tomé consciencia del tiempo, pero de repente, algo dentro de mí pareció quebrarse. Miré el reloj y supe que ella había atrasado su regreso, comencé por llamar al Colegio y respondieron que no se había presentado; hablé con sus compañeros; con sus amigos; con todo aquel que pudiera conocerla y nadie se cruzó con ella ese día, hasta que un vecino dijo que una camioneta negra con vidrios polarizados siguió los pasos de mi niña... fue entonces cuando comencé a vivir sin Ana y a morir, un poco, cada amanecer...



"Cada niña o niño que desaparece, nos deja un hueco en el alma 
como humanos y  como sociedad"

Comprometámosnos a ayudar a encontrarlos:





2 comentarios:

RAFAEL H. LIZARAZO dijo...

Hola, Mariela:

Es algo muy doloroso y difícil de asimilar para los padres, ojalá nunca sucedieran tales cosas, la incertidumbre hace imposible el vivir.

Un abrazo.

Mariela Marianetti dijo...

Sí Rafael, debe ser terrible vivir la desaparición de un hijo; estos casos nunca dejan de suceder. Un saludo.