lunes, 23 de enero de 2012

El Reflejo

Comparte este Post en Facebook


Cuando la vi caer sentí que había muerto...Palideció de pronto cuando la bala atravesó sus entrañas y yo, al ver como se desplomaba, solo atiné a intentar abrazar su cuerpo con fuerza intentando transmitir a sus últimos suspiros la tibia sensación de una extraña compañía...
El frío inundó el cuarto, fue como si de repente una ola polar calara mis huesos al abrazar a aquella extraña que se iba despidiendo de la vida.
 Sus ojos penetrantes se fijaron en los míos; yo sentía que ella aún no quería despedirse y acariciaba su frente levemente, casi imperceptible, casi fantasmagórica...
El último suspiro fue sereno, bello, profundo. Sus ojos se cerraron repentinos, como si una tela aterciopelada los velara para siempre; a lo lejos, alguien gritaba su nombre desgarrado en el dolor de una eterna despedida; pero fue cuando el plástico seco envolvió su cuerpo el momento exacto en el que supe que el nombre que gritaba era el mío...



By Mariela



Leer un cuento corto, Cuento corto, Cuentos, Relato, Relato corto





10 comentarios:

Felicidad Batista dijo...

Mariela, el relato discurre entre el impacto de la bala que hiere de muerte y se va iluminando con la prosa poética que nos seduce hasta ese excelente desenlace que el lector no espera y que lo sorprende en la última línea.
Sensacional como siempre.
Abrazos

RAFAEL H. LIZARAZO dijo...

Estremecedor relato, ser testigo mudo de nuestra propia muerte y despedirnos del mundo lentamente.

Abrazos.

ReltiH dijo...

TRISTE... HERMOSO...

Adrián J. Messina dijo...

Hacía rato que no pasaba por aquí, estuve trabajando en un nuevo diseño para mi casa bloguera. Aquí estoy de vuelta en la tuya.

Un abrazo.

David C. dijo...

muy hermoso.

Mariela Marianetti dijo...

Gracias felicidad, me alegra saber que te ha gustado leer este relato fantástico, ya que es pura fantasía. Un abrazo y me siento elogiada por tus palabras.

Mariela Marianetti dijo...

Así es amigo, esa fue la idea, ver nuestra muerte y no poder hacer nada, ni nosotros ni el otro. Un abrazo.

Mariela Marianetti dijo...

Un relato triste, creo. Un abrazo reilth

Mariela Marianetti dijo...

Gracias Adrián, un gusto saber que leíste el relato. Abrazos.

Mariela Marianetti dijo...

Gracias David. un saludo